Sefer Yetzirah , El Libro de la Creación.

Audiolibro:


introducción
El sentido del misterio
Lo más bello y más profundo que el hombre
puede experimentar es el sentido del misterio.
Es el principio que sustenta la religión y toda empresa
artística o científica seria.
albert einstein
«Misterio» es la mejor palabra para definir el Libro de
la Creación, un breve y antiguo opúsculo de especulación
cosmológica y cosmogónica de origen impreciso, de difícil
datación, de autor desconocido, de contenido confuso, de
estilo lacónico y de sintaxis oscura, quizás el texto más enigmático de la literatura hebrea de todos los tiempos. Sin embargo, a pesar de su brevedad y de las extremas dificultades
para comprender su mensaje, nunca tan pocas palabras habían tenido tanto poder ni habían fascinado tantas mentes
preclaras. El Libro de la Creación es el primer ensayo especulativo conocido del pensamiento judío en lengua hebrea y
cabe considerarlo, por lo tanto, como el sustrato conceptual
de varios sistemas de la filosofía y la mística judaicas. Pocos
libros en hebreo han ejercido, después de la conclusión de
la redacción del Talmud, una influencia tan decisiva en el
desarrollo del pensamiento judío; en lo que respecta específicamente a la literatura de especulación esotérico-mística, 
10 libro de la creación introducción 11
el Libro de la Creación es un texto fundamental e indispensable; y, por lo que se refiere a la cábala judía, es un libro
fundacional y, por muchos, considerado sagrado.
Conservado en dos antiguas recensiones, una muy breve
de 1.300 palabras y otra un poco más larga de no más de
2.500 que pueden caber en una sola página,1
 el texto del
Libro de la Creación ha sido interpretado durante más de mil
años de maneras muy distintas y, a menudo, divergentes, ya
sea como un tratado filosófico, como un manual de magia
blanca, como una guía de meditación, como un opúsculo
cosmológico, como un vademécum para la cábala e, incluso, como un tratado de gramática sobre la estructura y la
fonética de la lengua hebrea. Su encriptado mensaje y un
estilo que se caracteriza por ser obtuso e intencionadamente
oscuro, muy cercano al oráculo, han permitido este amplio
abanico de posibilidades interpretativas, y queda claro que
su autor buscaba ser entendido exclusivamente por una minoría escogida que quizás dominaba el código interno que
permitía descifrar sus versículos, instrucciones y sentencias.
La intención del autor era, claramente, esotérica, esto es, que
el Libro de la Creación fuera verdaderamente entendido solo
por unos pocos, y a la vista del texto denso y repetitivo que
nos ofrecen las más antiguas recensiones que se han conservado, lo consiguió.
Único por su forma y su contenido, el Libro de la Creación pronto llamó la atención de los exégetas desde que empezó a circular: los primeros en citarlo, como los rabinos del
1 Cf. Nicolas Sed, «Le Sefer Yesira. L’édition critique, le texte primitif,
la grammaire et la métaphyique», Revue d’Études Juives, núm. 132 (1973),
p. 515.

Talmud, lo consideraron un formulario mágico; posteriormente, entre los siglos x y xii, fueron los racionalistas los
que lo examinaron, especialmente el primer capítulo, como
si se tratara de un antiguo tratado de filosofía; y finalmente,
a partir de finales del siglo xii, fueron los místicos los que
forzaron el texto para que se adecuara al molde de la cábala
y los que lo consideraron un manual de meditación sobre el
origen del cosmos, del mundo, del hombre. Pero cada cabalista, a su turno, intentó hacer decir al texto lo que proponía
como sistema especulativo; es por eso que, en el centenar de
comentarios que se han conservado, los autores se esfuerzan
por legitimar en él sus propias ideas más que por descifrar
realmente el sentido original de la obra.
Así pues, el Libro de la Creación no es propiamente una
obra cabalística, pero sí un texto cuyas formulaciones forman un conglomerado indivisible de términos abstractos y
de imágenes concretas que impresionó, y de qué manera,
la sensibilidad y la espiritualidad de los rabinos medievales
con aspiraciones místicas. Los cabalistas consideraron esta
obra una fuente inagotable de misterios que podía explicar
de alguna manera el origen del mundo y su organización, y
tanta fue la fascinación que despertó entre todos los que se
entregaron a hacer cábalas, que al Libro de la Creación se le
ha llegado a denominar el primer tratado de cábala o, mejor
dicho, de la protocábala. Y con razón: todos sus principios
y las palabras clave de la cábala medieval se encuentran reunidos en esta corta colección de fórmulas concisas y de sentencias a primera vista incomprensibles, pero de una fuerza
poética extraordinariamente sugerente y que no deja indiferente a ningún lector.
12 libro de la creación introducción 13
La obra de la creación
Sepas que aquellas cosas que crees que no tienen
utilidad alguna, como las moscas o los mosquitos,
también cuentan en la obra de la creación.
midrash, génesis rabá 10,5
El Libro de la Creación ofrece un discurso suficientemente compacto sobre cosmogonía y cosmología con una clara intención de distanciarse del modo en que se expone la
creación del mundo en el libro del Génesis y de todo lo que
tradicionalmente han dicho al respecto los rabinos del Talmud o del Midrash. El autor no utiliza el término bíblico
para crear (bará), sino otros verbos como trazar (jaqaq),
diseñar (jatsab) y formar (yatsar); tampoco cita a ninguna
autoridad y muy raramente algún versículo bíblico, a excepción de la mención final al patriarca Abrahán, a quien se
atribuye la paternidad de la obra. Queda patente, pues, que
la mano redactora bebe de otras fuentes, que se inspira en
ideas y conceptos astrológicos y cosmogónicos especialmente procedentes del gnosticismo.
Con el Libro de la Creación el judaísmo se dota de una
nueva manera de explicar la Creación: Dios crea el mundo, pero lo hace a través del poder de las letras del alefato hebreo. El proceso de formación del mundo es entonces
esencialmente lingüístico y se basa en las combinaciones de
las letras: cada ser existente contiene de algún modo estos
elementos lingüísticos y existe gracias a su poder. El autor,
en un tono autoritario y solemne, expone una concepción
mágica del poder creativo y milagroso de las letras y las palabras, y revela, por lo tanto, que no perseguía solamente
fines retóricos sino también taumatúrgicos. De este modo,
el Libro de la Creación es un tratado que, a parte de permitir
vislumbrar los misterios de la creación, también da fórmulas
milagrosas para crear seres vivientes: si Dios había creado al
hombre y lo había hecho a imagen y semejanza suya, este
también podía, pues, crear, siempre que dispusiera apropiadamente de las palabras dadoras de vida a partir de los juegos de letras, así como del conocimiento del nombre sagrado
de Dios. Los primeros exégetas del Libro de la Creación lo
consideraron, consecuentemente, un manual de magia donde se indicaban las instrucciones precisas para, a través de
un ejercicio de combinatoria y permutación de letras, imitar
el acto creador de Dios, y el Talmud, en el tratado Sanhedrin 65b, nos da buena fe de ello: «Rabí Janina y rabí Oseas
pasaban las vísperas de los sábados estudiando el Libro de las
Leyes de la Creación, gracias al cual creaban un ternero de
tres cuartos y luego se lo comían.»
El autor despliega su mensaje sobre el misticismo de la
lengua hebrea en un texto que, generalmente, está dividido
en seis capítulos. Sin embargo, la versión utilizada por el primer comentarista, el sabio rabino Saadia Gaón, en el siglo x,
cuenta con ocho capítulos, y en algunas otras fuentes aparecen solo cinco (el quinto y el sexto capítulo se presentan
combinados en uno solo). A pesar de las variantes, en las dos
recensiones que han servido de base para los comentarios
medievales que lo han hecho célebre, el Libro de la Creación
expone sus especulaciones en seis capítulos, cuyo contenido,
sin embargo, se puede dividir en cuatro partes:2
2 Cf. Aryeh Kaplan, Sefer Yetzirah, The Book of Creation: in theory and
practice, Weiser Books, Boston, 1997, p. XI-XII; Paul B. Fenton, Sefer Yesirah ou Livre de la Création, exposé de cosmogonie hebraïque ancienne, Payot
& Rivages, París, 2002, p. 10-13.
14 libro de la creación introducción 15
Primera parte
Es en el primer capítulo donde se introducen las «treinta
y dos vías misteriosas de la sabiduría» con las que Dios ha
creado el mundo. Estas vías son las diez cifras o nombres
primordiales, las célebres sefirot, y las veintidós letras del
alefato hebreo. El término de sefirá (pl. sefirot) es un neologismo en la lengua hebraica que significa ‘cifra’, pero el uso
de este término en lugar del nombre más común de misparim por ‘números’ indica que el autor quiere dejar bien
claro que, más que de unas simples cifras, se trata de unos
principios metafísicos o de etapas de la creación del mundo.
Estas cifras creadas por Dios no son reales, sino abstractas o
ideales, y representan el Espíritu de Dios, los tres elementos
principales de la naturaleza y las seis dimensiones del espacio a partir de las cuales todo ha sido creado: el libro solo
intenta explicar —aunque de forma velada— cómo el poder
de Dios infinito puede manifestarse en el universo.3
Según el autor, las sefirot describen un proceso cosmogónico donde de la primera sefirá, el Espíritu de Dios dador
de vida, aparecerá el aire primordial a partir del cual Dios
creará o trazará las ventidós letras del alefato. De este aire
aparecerán el agua y el fuego. Del agua primordial emergerá
el caos cosmológico y, del fuego primordial, el Trono de la
Gloria divina y toda la jerarquía angélica. Las seis sefirot restantes son las dimensiones o direcciones del espacio, y no se
nos especifica si fueron creadas a partir de los cuatro elementos principales. Estas dimensiones vendrán selladas por seis
permutaciones de las consonantes del nombre divino, idea
3 Cf. Dan Cohn-Sherbok, Jewish mysticism: An anthology, Oneworld,
Oxford, 1995, p. 60-61.
que revela tanto la mística del lenguaje que impregna el libro
como el uso teúrgico del nombre sagrado de Dios. El autor,
intentando que las jayot o ‘bestias’ del Trono de la divinidad
descritas por Ezequiel sean correlativas con las sefirot, califica estas últimas de servidoras que obedecen sus órdenes y se
prosternan ante él, tal y como hacen los ángeles y los héroes
de los primeros textos con tendencias místicas y esotéricas del
judaísmo en la literatura de los Palacios o Hejalot.
4
 El texto
también subraya la unicidad y la absoluta unidad de Dios,
motivo por el cual parece claro que el autor, pese a beber de
fuentes gnósticas para muchos conceptos e ideas, tiene una
intención polémica contra el concepto gnóstico de la dualidad del principio creador del demiurgo.5
Para los cabalistas de la Edad Media estas sefirot se convertirán en las diez emanaciones de Dios, descritas y estructuradas en el llamado Árbol de la Vida. En el Libro de la
Creación, de todas formas, aún no pueden leerse como lo
que actualmente denota el término cabalístico de sefirot,
sino que se trata, solamente, de los diez primeros números o
cifras ideales que actúan, en combinación con las letras, en
el proceso de la creación del mundo.
Sorprendentemente, o no, el concepto de las sefirot no
vuelve a ser mencionado en los capítulos sucesivos del libro,
4 El término Hejalot (‘Palacios’) designa un conjunto de textos literarios
de época talmúdica de carácter mágico y esotérico que proponen técnicas de
ascensión para llegar a las estancias o palacios celestiales y contemplar la Carroza divina (Merkabá) o el Trono de Gloria de Dios tal y como aparecen
descritos en Ez 1. Cf. Gershom Scholem, Desarrollo histórico e ideas básicas
de la Cábala, Riopiedras, Barcelona, 1994, p. 25-32; ídem, Los orígenes de la
Cábala, vol. 1, Paidós Orientalia, Barcelona, 2001, p. 37-44; Roland Goetschel, La Kabbale, Presses Universitaires de France, París, 2006, p. 20-29. 5 Cf. Fenton, Sefer Yesirah ou Livre de la Création, p. 11.
16 libro de la creación introducción 17
cosa que hace creer a los investigadores que el Libro de la
Creación, tal como en sus diversas versiones ha pervivido
hasta nosotros, no es sino el resultado de una compilación
de dos textos de orígenes distintos e incluso más antiguos.
A raíz de esta omisión, los investigadores han optado por
proponer que el autor del Libro de la Creación ha preferido
exponer en el primer capítulo una creación ideal y pura del
mundo, mientras que en los capítulos sucesivos aparece la
otra creación, la real, fruto directo de las interconexiones
de los elementos del habla, las letras.
Segunda parte
Es en el segundo capítulo donde se presentan las letras del
alefato, así como la cifra de sus doscientas treinta y una posibles permutaciones. A diferencia del primer capítulo, ahora
se presentan las letras como el fundamento de toda la creación, al menos de la creación real, efectuada por la dinámica
del verbo, de la pronunciación, del habla.
El autor empieza por describir las clasificaciones de las
letras principales, dobles y simples, y las divide en grupos fonéticamente; esta es la primera vez en la historia de la lingüística hebrea que aparece este tipo de división. A continuación
pasa a exponer cómo a partir de la correcta combinatoria y la
permutación binaria de las letras del alefato aparecen las doscientas treinta y una puertas que son el origen de la génesis
del mundo y que son las vías, por lo tanto, para llevar a cabo
como es debido el proceso de creación. De esta especulación
entendemos que el autor concebía las raíces verbales hebreas
bilíteras y, a consecuencia de esto, algunos investigadores han
querido ver el Libro de la Creación como una especie de manual de gramática hebrea, o incluso como un compendio
de fórmulas mnemotécnicas para aprender el alefato y las
características fonéticas de las letras.6
El autor, en imperativos, da instrucciones sobre cómo
combinar las letras y permutarlas, pero de manera bastante
velada y sin muchas indicaciones. Muchos cabalistas, de todas las épocas, han hecho cuadrar con éxito las tablas de este
delicado ejercicio de combinatoria siguiendo diversos métodos, con soluciones, de todas formas, no siempre iguales ni
nunca totalmente definitivas. El misterio está servido.
De este capítulo se desprende la idea de que el alefato
hebreo, con todas sus posibles combinaciones, es la manifestación de un nombre único, el de la divinidad, y que, en
su totalidad, puede ser considerado un nombre místico. A
pesar de la importancia de las doscientas treinta y una puertas a partir de las cuales se efectúa el acto creativo, esta cifra
no vuelve a ser mencionada en los capítulos sucesivos, ni
tampoco la división fonética de las consonantes. El misterio
continuará creciendo.
Tercera parte
La forman los capítulos tercero, cuarto y quinto, en los que
se exponen respectivamente los tres grupos en que el autor
ha dividido las consonantes del alefato hebreo: las principales, las dobles y las simples.
El capítulo tercero trata de las tres letras principales del
alefato, álef, mem y shin, que representan los tres elementos
6 Es la tesis de Abraham Epstein, «Recherches sur le Sefer Yeçira», Revue d’Études Juives, núm. 28 (1894), p. 95-97, así como del libro de Phineas Mordell, The origin of letters & numerals according to Sefer Yetzirah,
Samuel Weiser, Nueva York, 1975. Los investigadores más modernos, sin
embargo, han rechazado totalmente estas suposiciones.
18 libro de la creación introducción 19
primordiales, el aire, el agua y el fuego, a partir de los cuales
aparece la creación. Con la permutación de estas tres letras
principales se crean las tres partes del universo, las tres estaciones del año y las tres partes en que se divide el cuerpo
humano, aunque esta tesis contradiga en cierta manera la expuesta en el primer capítulo del libro, donde eran los números
primordiales o sefirot los que, en combinación con las letras
del alefato hebreo, provocaban la génesis del mundo. Por ser
la primera letra, una de las centrales y una de las finales del
conjunto del alefato, álef, mem y shin son la imagen de la balanza con la aguja que señala el equilibrio entre los dos platos
del mérito y el demérito, de la retribución y el castigo.
El álef es la primera letra del alefato, y se le concederá
una importancia extrema: pese a ser la primera, la Torá no
comienza por álef sino por bet, y esto quiere decir que es
una letra que está más allá de la Torá, que la precede. Su
valor numérico es 1 (ehad, en hebreo), uno, la unidad, la
unicidad, referencia directa a la divinidad: Ehad es uno de
los cien nombres de Dios. El resto de las letras, pues, están
dentro del álef, y ninguna otra existirá sin ella. El álef corresponde simbólicamente al primer día de la creación del
mundo y es, al mismo tiempo, el aire que Dios insufla para
dar vida a los seres vivientes. Se trata de una letra, pues, llena de vida, de fuerza, que inaugura, que empieza, que crea
y que no es sino una contracción escrita de la divinidad. La
mem es una letra situada en medio del alefato: es una fuerza unificadora, que concilia. Su valor numérico es 40, un
número de claras resonancias bíblicas. Mem es el agua, un elemento purificador como lo fue el diluvio (mabul) que permite la regeneración. Y la shin es la penúltima letra. Tiene
un valor numérico de 300. La shin es el fuego, un elemento
también purificador. De su forma escrita, sus tres brazos
hacia arriba representan los tres patriarcas Abrahán, Isaac y
Jacob. Los valores numéricos de álef-mem-shin (1+40+300)
suman 341, esto es, 8 (3+4+1): si para el judaísmo el 7 representa la perfección, el 8 es un paso adelante y la entrada al
mundo trascendente.
En el cuarto capítulo se trata el segundo grupo de siete
letras «dobles», esto es, las consonantes que fonéticamente
suenan duras o blandas (oclusivas o fricativas) si se escriben,
o no, con un punto diacrítico, el daguesh. El hecho de que
también aparezca la letra resh (la erre) es extraño, dado
que esta letra, con o sin daguesh, se escribe y suena exactamente igual, y los gramáticos de época postalmúdica ya
no la consideraron apta para formar parte de este grupo de
letras. Sin embargo, en catorce versículos del texto bíblico
aparecen sorprendentemente unas diez palabras con una
resh con daguesh; esto explica que el autor la incluya, pues,
entre las letras dobles. Con la permutación de estas letras
se crean los siete planetas, los siete cielos, los siete días de
la semana y los siete orificios del rostro (ojos, orejas, nariz y
boca); asimismo, las siete letras dobles son las responsables
de la aparición de los siete opósitos o antítesis de este mundo
inherentes a la existencia humana. Las siete letras de este
grupo también hacen referencia a las siete veces que aparece
la frase «que estaba bien» durante el relato de la creación del
mundo en el primer capítulo del Génesis. El 7 expresa, pues,
la perfección de la creación de Dios.
En el capítulo quinto el autor presenta las doce letras
simples que faltan para completar el alefato hebreo. Con
ellas se crean las actividades principales del ser humano, así
como las doce constelaciones que configuran los signos del 
20 libro de la creación introducción 21
zodíaco, los doce meses del año y los doces órganos rectores
del cuerpo humano que hacen posible la vida, y el autor
detalla el dominio de cada letra en estos ámbitos. La combinación de estas letras simples contiene las raíces de totas
las cosas, así como de la oposición entre el bien y el mal.
El capítulo queda rubricado con el último párrafo —en la
recensión larga del libro— donde se hace referencia a los
misteriosos términos del Dragón, de la Esfera y del Corazón, los tres conceptos que los cabalistas interpretarán como
alusiones a las puertas abiertas al éxtasis meditativo, a la
experiencia mística.
Cuarta parte
La constituye el capítulo sexto y último del libro. El autor acaba su breve exposición, ya no da más instrucciones, desaparecen los imperativos: el manual ha terminado. Ahora recopila
y corrobora y, a modo de sumario, hace repaso de lo que ha
redactado hasta el momento: nos recuerda los tres elementos,
las tres letras principales, las siete dobles, las doce simples, los
siete planetas, las doce aristas diagonales, las tres partes del
cuerpo, las reglas de los tres, de los siete, de los doce, de los
diez, todos supeditados a lo que después se leerá como una
mención a la experiencia mística: el enigmático Dragón, la
Esfera y el Corazón. El concepto principal que se deprende
del opúsculo que ahora se cierra es la Harmonia mundi, la
armonía del universo: hay tres niveles de existencia, el cósmico, el temporal y el personal, y cada letra o grupo de letras es
responsable de cada uno de estos tres niveles.
La aparición por primera vez en este capítulo del concepto del Árbol de la Vida permitirá posteriormente a los cabalistas dibujar la célebre estructura donde se categorizan y se
jerarquizan las sefirot, las letras del alefato, y las treinta y dos
vías misteriosas de sabiduría responsables de la creación. Y la
mención de Abrahán en el último párrafo es la que da origen
a la tradición de atribuir a este patriarca no solo el hecho
de ser el autor del opúsculo, sino también de haber llevado
a la práctica con éxito las instrucciones y los métodos descritos en sus capítulos. El autor hace referencia específica al
título del libro, que es Hiljot Yetsirá, ‘Leyes de la Creación’,
aunque la tradición haya acabado llamándolo Séfer Yetsirá,
‘Libro de la Creación’.
¿Un texto anónimo?
Este es el libro de las letras de Abrahán, nuestro patriarca,
llamado el Libro de la Creación, y cuando uno contempla
lo que en él se dice, se da cuenta de que rezuma
una sabiduría ilimitada.
judá ben barzilai de barcelona, siglo xii
El Libro de la Creación es un opúsculo anónimo pero con una
larga y variada tradición de atribuciones. El último párrafo
del libro, que funciona a modo de epílogo, menciona directamente al patriarca Abrahán, lo que ha provocado —como
acabamos de ver— que se le asigne la paternidad del texto,
así como el hecho de haber practicado las instrucciones y de
conocer a fondo todos sus misterios. Los antiguos textos
de la literatura de los Hejalot o Palacios como el Séfer Raziel,
así como los primeros comentaristas como Saadia Gaón en
el siglo x, u obras cabalísticas importantes como el Zóhar,
no ponen en duda esta atribución, basada, además, en la
evidencia de un versículo bíblico (Gn 12,5) que literalmente 
22 libro de la creación introducción 23
reza: «Y Abrahán tomó las almas que habían hecho en Harrán.» Según algunos comentaristas, Abrahán, acompañado
de alguien más,7
 habría utilizado los poderes del Libro de la
Creación para crear gente,8
 siendo esta la primera vez que se
menciona que las instrucciones del libro permiten la creación de un gólem, palabra hebrea que define una creatura
de arcilla de forma humana creada de manera artificial en
virtud de un acto mágico.9
La atribución de una obra a un personaje de renombre
de la tradición no es nada extraña en la literatura antigua,
donde el nombre del autor real no tenía ningún valor si uno
quería que el texto fuese tenido en consideración y gozase de
prestigio. Así, pues, no sorprende que el poderoso texto del
Libro de la Creación recaiga sobre quien la Biblia hace ser
el padre de la saga patriarcal de los antiguos israelitas y el personaje que pacta con Dios los términos de la Alianza con el
pueblo judío. De este pacto, la tradición rabínica supone por
parte de la divinidad una transmisión a Abrahán de secretos,
misterios y saberes mágicos que tienen que ver con predic7 El verbo de Gn 12,5 es en plural (habían hecho), cosa que hace pensar a
los comentaristas que utilizó el poder de las fórmulas del Libro de la Creación acompañado de alguien más, como de Shem, el hijo de Noé, según
leemos en la Pesikta jadata 6,38, citado por Judá ben Barzilai de Barcelona
(siglo xi-xii), o bien de Melquisedec, según leemos en el Talmud, tratado
Nedarim 32b. 8 Rabí Abrahán ben David de Posquières, llamado Rabad (1120-1198),
uno de los primeros cabalistas provenzales, lo expone en su comentario al
Libro de la Creación, si bien hay evidencias de que este comentario es posterior, escrito hacia el 1430 y atribuible al rabino José ben Shalom Ashkenazi. 9 Cf. Moshe Idel, El Golem, Siruela, Madrid, 2008, p. 39-40, que parafrasea una cita de Gershom Scholem en la Encyclopædia Judaica, vol. 7,
col 753, s. v. Golem.
ciones astrológicas, conceptos de cosmogonía y fórmulas de
permutación de letras que el patriarca y sus herederos habrían preservado oralmente hasta que se pusieron por escrito
en el Libro de la Creación. De hecho, en un primer momento, y tal y como reportan los manuscritos más antiguos que
se conservan de este texto, esta obra ostentaba el título de
Libro de las letras de nuestro patriarca Abrahán.
10
Si la tradición pseudoepigráfica hace que el autor del
opúsculo se oculte bajo el disfraz del patriarca Abrahán, la
literatura rabínica nos proporciona una lista de herederos
orales de sus enseñanzas, misterios y secretos, o incluso insinuaciones de que quizás fueron estos los autores. El Talmud y algunos comentaristas atribuyen a los hijos mayores
de Jacob el uso de los poderes del Libro de la Creación para
crear animales y sirvientes.11 Otro lugar en la Biblia donde
los comentaristas han visto el uso del libro es en el Éxodo,
cuando los israelitas construyen el Tabernáculo en el desierto, que no fue solamente una construcción física sino un
microcosmos del universo, del cuerpo humano, del dominio
espiritual. El Talmud afirma que el encargado de construir
el Tabernáculo fue Betsalel, porque «conocía cómo permutar las letras con que fueron creados el cielo y la tierra».12
Estos comentarios aparecen a raíz del versículo de Ex 31,2-3,
10 Séfer otiot de-Abraham abinu. Cf. Ithamar Gruenwald, «Some critical notes on the first part of Sefer Yezira», Revue d’Études Juives, núm. 132
(1973), p. 475-476. 11 Cf. Talmud Yerushalmi, Peá 1,1, y Rashi (1040-1105) en el comentario
de Gn 37,2. 12 Cf. Talmud, Berajot 55a, citado también por Abrahán ben David de
Posquières (Rabad) y Judá ben Barzilai de Barcelona. También por Rashi y
Mosé ben Nahman de Gerona (1194-1270) al comentar Ex 31,2-3.
24 libro de la creación introducción 25
donde Dios declara: «He designado a Betsalel, hijo de Urí, y
le he llenado del espíritu de Dios concediéndole habilidad,
pericia y experiencia en toda clase de trabajos», cualidades
que, a ojos primero de los talmudistas y después de los cabalistas, son necesarias para manipular correctamente las
letras del alefato y llevar a cabo el acto creativo con el Libro
de la Creación.
Otra tradición nos informa que el profeta Jeremías también quiso hacer uso del Libro de la Creación, que lo estudió
a fondo con su hijo, llamado Ben Sira, y que fueron capaces
de crear un gólem que, sin embargo, no preservaron.13 Algunas tradiciones aseveran que Jeremías o su hijo Ben Sira
transmitieron oralmente los misterios del libro a un tal Yosef
ben Uziel, un personaje citado en algunos midrashim14 que
se remontan al siglo i d. C. y de quien se dice que podía
haber escrito la más antigua de las recensiones del Séfer Yetsirá o bien, incluso, el primer comentario,15 con lo que podríamos aventurarnos, solo en el caso de dar crédito a estos
supuestos, a fijar más o menos la datación de la obra justo en
13 Cf. Pesikta jadata en el Bet Midrash 6,37. Cf. Mordell, The origins of
letter & numerals according to Sefer Yetzirah, p. 51-52. 14 Los midrashim son comentarios de carácter legal, exegético o homilético, con un fuerte componente didáctico. Muchos de ellos explican y
reflexionan sobre episodios y personajes ejemplarizantes de la Biblia y de
rabinos de la época de la Mishná. Yosef ben Uziel aparece citado en el midrash Alphabeta de-Ben Sira —cf. Judah David Eisenstein (ed.), Otsar Midrashim, vol. I-II, Israel, 1969, p. 35-50—, así como en la misma Baraita de
Yossef ben Uziel, donde explica como Jeremías le reveló los secretos del Libro
de la Creación. 15 Así dan fe algunos manuscritos de la Bodleian Library de Oxford. Cf.
Mordell, The origins of letters & numerals according to Sefer Yetzirah, y
Kaplan, Sefer Yetzirah, p. 344, nota 42.
aquel siglo, datación no exenta —como veremos después—
de dudas y de problemas aún por resolver.
No obstante, a partir del siglo xiii en la literatura cabalística también aparece la tradición de atribuir la autoría del
libro al rabino Aqiba, una figura célebre de la literatura rabínica del siglo i d. C.16 Esta atribución está directamente relacionada con el hecho de que rabí Aqiba es, también según
una tradición pseudoepigráfica, el autor de dos entretenidos
midrashim sobre los nombres y el poder creativo de las veintidós letras del alefato hebreo: son Las letras de Rabí Aqiba,
17
donde cada letra se presenta ante Dios y reclama las razones
por no haber sido escogida para ser la primera letra con que
se inicia la Torá. Dios responde a cada letra y las descarta
una a una hasta la bet (b), y alaba la modestia y la buena
compostura del álef, la primera letra, la más importante, la
que las incluye a todas. El casting de las letras va seguido de
una explicación sobre su forma escrita y sobre varias combinaciones y grupos que pueden conformar. Probablemente
escritos entre los siglos vii y ix, y citados a partir del siglo x,
por las similitudes que estos dos midrashim mantienen con
lo que se expone sobre las letras en el Libro de la Creación, algunos cabalistas creyeron más acertado atribuir su autoría a
16 El cabalista Moisés ben Jacob Cordovero (1522-1570) lo menciona en su
Pardés Rimonim 1,1, y el talmudista italiano rabí Isaac de Lattes (m. 1570)
lo hace en sus Responsa sobre el libro del Zohar. Cf. Kaplan, Sefer Yetzirah,
p. XVII-XVIII y p. 345-346, nota 61. 17 Midrashim Otiot de Rabí Aqiba. Cf. las dos versiones de este midrash en
Eisenstein (ed.), Otsar Midrashim, vol. II, p. 408-431, así como la descripción que nos dan Hermann Leberecht Strack / Günter Stemberger,
Introducción a la literatura talmúdica y midrásica, Institución San Jerónimo,
Valencia, 1988, p. 459-460.
26 libro de la creación introducción 27
rabí Aqiba que al patriarca Abrahán. Saadia Gaón, el primer
comentador del Séfer Yetsirá en siglo x, ya observa, quizás
un poco incrédulamente, que «los Antiguos pretenden que
Abrahán fue su autor…», con lo que constatamos que desde
tiempos muy remotos permanece incierto y sin resolver el
enigma del anonimato del Libro de la Creación, aunque pretendientes, como hemos visto, no le faltaban.
¿Un texto ahistórico?
Yo puedo coger algunas calabazas y, con el Libro de la
Creación, convertirlas en bellos árboles. Estos, asimismo,
producirán otros bellos árboles a su vez.
talmud de jerusalén, sanhedrin 41a
El Libro de la Creación, con sus pocas y desnudas palabras,
mantiene silencio sobre el momento de su composición, y
algunos investigadores, frente a las dificultades para precisar
la época exacta, lo han llegado a definir como un texto ahistórico y suspendido en el vacío dentro de la historia de las
religiones.18 Las opiniones son diversas y todas se basan en
aspectos a veces muy diferentes y puntuales que otros indicios contradicen. El mensaje oscuro que destila el opúsculo
parece obedecer a una adulteración del texto a lo largo de
los siglos, como ya denuncia su primer comentador, Saadia
Gaón, en el siglo x: «No es un libro muy difundido, pero
muchos individuos han sido negligentes a la hora de realizar
18 Cf. Scholem, Los orígenes de la Cábala, vol. I, p. 44; Sed, «Le Sefer
Yesira», p. 514.
cambios y transcribir el texto»;19 también se queja otro de
sus primeros comentadores, también en el siglo x, el rabino
Abú Sahl Dunás ben Tamim de Qayrawan:
Hay pretensiosos que creen entender bien, pero en verdad entienden mal. Algunos han explicado este libro en hebreo a partir de
sus opiniones y apreciaciones equivocadas, y su texto entonces ha
caído en manos de otros que son tan ignorantes como ellos. Estos últimos han considerado el comentario como si fuera parte
integrante del texto, y aun han añadido su propio comentario,
y así han echado a perder tanto el uno como el otro.20
Así pues, a la voluntad de ser enigmático del autor desconocido se han añadido los errores de transmisión, así como las
interpolaciones intencionadas de aquellos que, para demostrar sus teorías y completar mejor sus interpretaciones, violentaron el texto sin contemplaciones. El resultado final no
es sino una obra ecléctica de estilo y de contenidos confusos
que permite, históricamente hablando, situarla en distintas
épocas; por eso, tal y como también hicieron sus comentaristas medievales, los investigadores modernos aún discuten
y proponen teorías muy diversas sobre la época en la que
cabe enmarcarla.21
19 Cf. Meyer Lambert, Commentaire sur le Sefer Yesirah ou Livre de la
Création par le Gaon Saadja de Fayyoum, París, 1891, p. 34. 20 Rabí Dunás ben Tamim interpreta el Libro de la Creación como una
obra de carácter científico, de acuerdo y a partir de sus conocimientos astronómicos. Su comentario circuló ampliamente tanto en su versión original
en árabe como en su traducción al hebreo, y contribuyó en buena medida a
la difusión de algunos principios astronómicos en las comunidades judías
de la cuenca mediterránea que tuvieron acceso a él.
21 Cf. Kaplan, Sefer Yetzirah, p. XXII-XXIII, muestra una tabla con todas
las opiniones de los investigadores y las distintas propuestas de datación.
28 libro de la creación introducción 29
Las referencias más antiguas sobre la existencia del Libro
de la Creación son las que aparecen en el Talmud, en concreto cuando se mencionan directamente el título del libro,22
o bien cuando se presentan historias y anécdotas de rabinos
que, haciendo de creadores, parecen conocer sus secretos y
poderes.23 El Libro de la Creación, originariamente, debió
de ser durante un tiempo una recopilación de fórmulas mágicas y sentencias que existía solamente en su versión oral y
que, enseñado y trasmitido celosamente solo entre círculos
esotéricos de rabinos que situamos cronológicamente en los
primeros siglos de la era común, podía haberse puesto ya por
escrito durante la época de la Mishná, en el siglo ii. Ayudan
a sostener esta tesis el estilo y las características del hebreo
usado por el autor, así como las consideraciones relativas a la
cuestión de la mística de las letras en la Antigüedad tardía,
donde cabe tener en cuenta las corrientes neopitagóricas 24 y
las doctrinas de la sabiduría divina de las sectas gnósticas.25
22 Cf. Talmud, Sanhedrin 65b, y en versiones manuscritas, no impresas,
del Talmud de Jerusalén en Sanhedrin 41a. 23 En el tratado talmúdico de Sanhedrin 65b leemos que el reputado sabio
Rabá «creó un hombre y lo envió a rabí Zeria. Este le empezó a hablar pero
el otro no le contestaba. Entonces le soltó: “Tú eres una creatura hecha por
los magos. Vuelve a tu polvo.”» Rashi y otros comentaristas coinciden en
afirmar que esto solo podía ser posible gracias al Libro de la Creación. 24 Los pitagóricos eran los astrónomos, músicos y matemáticos seguidores
de las doctrinas esotéricas y metafísicas de Pitágoras (siglo v a. C.), que
creían que todas las cosas son, esencialmente, números. Los neopitagóricos
son los que reavivaron y restablecieron esta corriente de pensamiento, especialmente durante los siglos ii-iii d. C. 25 El gnosticismo es un conjunto de creencias filosófico-religiosas defendidas mayoritariamente por sectas cristianas heterodoxas de los siglos i-ii. De
carácter elitista, los iniciados se salvaban de la maldad del mundo por medio
del conocimiento introspectivo de la divinidad y no por la fe en Jesucristo.
A pesar de la diferencia de opiniones entre los entendidos,
la mayoría de investigadores tiende a asumir actualmente
que el Libro de la Creación fue redactado entre los siglos ii y
iv, es decir, en una época, a lo sumo, anterior a la clausura
del Talmud.26 El autor, con un hebreo estilísticamente calcado al de la Mishná, desarrolla su teoría sobre la división y
las características de las consonantes del alefato hebreo, pero
parece ignorar completamente el nombre y la función de las
vocales, quizás porque el sistema y la nomenclatura fija de
estas no se cerraría definitivamente hasta mucho más tarde,
en el siglo x. La evocación del Santuario de Jerusalén en el
capítulo IV como si fuera una realidad aún viva ha hecho
pensar a algún investigador que la redacción del libro podría
atrasarse aún más, a la época del Segundo Templo, es decir,
en el siglo i,
27 y, de igual manera, algunos han creído que la
especulación numérico-mística sobre las sefirot podría tener
su origen en la obra del célebre filósofo neopitagórico Nicómaco de Gerasa (ca. 60 - ca. 120), originario de Palestina,
autor de una aritmología mística,28 o bien en la concepción
simbólica y divina de las letras fenicias del gramático e hisLos gnósticos desarrollaron una mística secreta de la salvación y sus creencias eran dualistas: el bien opuesto al mal, el espíritu a la materia, el alma al
cuerpo, etc. También existió un gnosticismo judío, anterior a la aparición del
cristianismo, basado en especulaciones teológicas y cosmogónicas similares,
en este caso de origen oriental y de época helenística.
26 La redacción del Talmud de Jerusalén se completa en el siglo iv, y el
gran Talmud de Babilonia, en el siglo vi. 27 Yehuda Liebes, Ars poetica in Sefer Yetsira [en hebreo], Schocken, Tel
Aviv, 2000, p. 229. 28 La aritmología es la ciencia de los números y de la medición de las magnitudes.
30 libro de la creación introducción 31
toriador Filón de Biblos (64-141),29 de modo que podríamos
situar cronológicamente el Séfer Yetsirá en el siglo ii.
30
El análisis detallado del contenido del texto revela una
clara vinculación entre las especulaciones del libro sobre el
alefato hebreo y la mística lingüística del sincretismo helenista de las sectas gnósticas, activas e influyentes, incluso
dentro del judaísmo, entre los siglos i y iii. La analogía del
Libro de la Creación con las enseñanzas de Marcos el Gnóstico (siglo ii), de la escuela de Valentín, son evidentes: también él dividía las letras del alfabeto griego en tres clases y las
consideraba unas emanaciones simbólicas de los poderes de
los tres elementos superiores. El obispo Ireneo de Lyon (siglo ii), en su Adversus hæreses (I,16), certifica la importancia
que los gnósticos otorgaban al poder de las combinaciones
y permutaciones de las letras para explicar la génesis y la
formación de la multiplicidad desde la unidad.
Otro corpus de literatura gnóstica como las Homilías
pseudoclementinas, un conjunto de escritos judeocristianos
del siglo iii, muestra también puntos en común con el Libro
de la Creación, como el hecho de afirmar que el espíritu de
Dios se transforma en pneuma (‘aire’), y este en agua, y este
en fuego y de él en piedras, casi la misma progresión que el
autor de nuestro opúsculo muestra de las cuatro primeras sefirot (capítulo I). Las seis sefirot restantes, las limitaciones del
espacio en las seis direcciones o dimensiones, se encuentran
asimismo en los escritos clementinos en que Dios es descrito
como el origen y el sello o límite de las seis infinitas dimen29 Cf. Louis Ginzberg / Kaufmann Kohler, «Sefer Yezirah», Jewish
Encyclopedia, Nueva York, 1904 (disponible en <www.JewishEncyclopedia.
com>). 30 Cf. Sed, «Le Sefer Yesira», p. 514.
siones del universo. La exposición que el Libro de la Creación
hace sobre este «sellado» a partir de las seis combinaciones
diferentes de la palabra formada por las tres consonantes yodhe-vav (YHV) al final del capítulo I, nos remite directamente
a la misma función que representan en los papiros mágicos
griegos y en las doctrinas gnósticas del sistema de Valentín
las letras IAO. Las tres consonantes hebreas, que son al mismo tiempo las que forman el nombre sagrado de Dios, el Tetragrammaton (YHVH), funcionan dentro del alefato como
mater lectionis, marcas vocálicas que representan la I, la A y la
O. Este nombre de IAO, para los gnósticos, era la invocación
que consolidaba el mundo en sus límites, y era reiteradamente utilizado como uno de los nombres del Dios supremo.31
Además de la doctrina del poder de las letras y del «sellado» de la Creación, en el Libro de la Creación también
se hace presente la teoría de los contrastes en la naturaleza, llamadas por los gnósticos syzygíai o ‘parejas’, donde el
mundo físico y el moral configuran toda una serie de opuestos pacificados y en equilibrio gracias a la unidad, Dios. De
las tres letras principales del alefato que son el prototipo de
creación de elementos contrarios como el agua (mem) y el
fuego (shin), es el aire (álef) quien las equilibra, como bien
lo describe el autor en el capítulo I. Asimismo, los siete pares
de opuestos inherentes a la actividad humana enumerados
en el capítulo IV confirman esta dependencia de la doctrina
gnóstica y neopitagórica de los eones, parejas masculinas y
femeninas de las emanaciones de Dios.32
31 Cf. Scholem, Desarrollo histórico e ideas básicas de la Cábala, p. 39-40;
ídem, Los orígenes de la Cábala, vol. I, p. 53-55. 32 Cf. Ginzberg / Kohler, «Yezirah, Sefer / Gnostic elements», <www.
JewishEncyclopedia.com>.
פרק ראשון
שלשים ושתים נתיבות חכמה
חקק יי‘ צבאות שמו
בג‘ ספרים:
ספר ספר ספר
עשר ספירות בלימה,
כב‘ אותיות,
ג‘ אמות,
וז‘ כפולות,
וי“ב פשוטות יסוד.
עשר ספירות בלימה,
מספר עשר אצבעות,
ה‘ כנגד ה‘.
וברית יחיד מכוונת באמצע
כמלת הלשון וכמלת המעור.
א
ב
ג
capítulo i
1 A través de treinta y dos vías misteriosas de sabiduría1
 el Señor de los Ejércitos ha trazado [su universo]
 de tres maneras:
 con la escritura, con la cifra y con el relato.2
2 Diez cifras sin más3
 y veintidós letras fundamentales:
 tres principales,4
 siete dobles5
 y doce simples.6
3 Diez cifras sin más,
 según el número de los diez dedos,
 cinco ante cinco.
 Y la alianza del Único está justo en medio,
 como la alianza de la lengua7
 y la alianza del miembro.8
1 Estas treinta y dos vías son los diez números fundamentales y las veintidós
letras del alefato hebreo. Son las treinta y dos veces que aparece el nombre de
Dios (Elohim) en el primer capítulo del Génesis durante la creación del mundo. 2 Es decir: con letras, con cifras y de la manera en que se pueden usar o
combinar para contar o explicar algo.
3 El misterioso término hebreo belimá que acompaña a las cifras en estos
primeros versos se podría traducir por ‘sin nada más’, ‘solo’, y proviene de
Job 26,7: «Suspende la tierra sobre la nada.» 4 Literalmente ‘madres’, y son el álef, la mem y la shin, la primera, la central y la penúltima letras del alefato.
5 Son siete letras del alefato que, con un punto diacrítico, duplican su
carga fonética y se pronuncian de forma diferente. Son la bet, la guímel, la
dálet, la kaf, la pe, la resh y la tav. 6 Son las demás letras del alefato hasta veintidós.
7 Se refiere a la habilidad de entender y utilizar los misterios de la lengua
hebrea y del texto de la Torá.
8 Se refiere a la circuncisión, mandamiento de Dios a Abrahán y a su
descendencia en Lv 12,3.
54 libro de la creación recensión corta: capítulo i 55
4 Diez cifras sin más,
 diez y no nueve,
 diez y no once.
 Comprende con sabiduría y sé sabio con comprensión.
 Con ellas, examina, prueba
 y conoce, piensa, imagina,
 establece cada cosa en su esencia
 y sitúa al Creador en su sitio.
5 Diez cifras sin más,
 su medida es diez y son infinitas:
 profundidad del principio, profundidad del fin,
 profundidad del bien, profundidad del mal,
 profundidad del arriba, profundidad del abajo,
 profundidad del oriente, profundidad del occidente,
 profundidad del sur, profundidad del norte.9
 Y un único Señor, Dios, Rey fiel,
 que las domina a todas desde la morada de su santidad
 hasta la eternidad de las eternidades.
6 Diez cifras sin más,
 su apariencia es como la visión de un rayo
 y su límite es infinito.
 La palabra que está en ellas va y viene.
 Corren hacia lo que ordenó Dios como un huracán,
 y ante su trono se prosternan.
7 Diez cifras sin más,
 su fin ha sido fijado en su comienzo
el pasado y el futuro, o el principio y el final, y que forman el año; así como dos
de carácter moral o espiritual: lo bueno y lo malo, y que forman la persona.
עשר ספירות בלימה,
עשר לא תשע,
עשר ולא עשתי עשר.
הבן בחכמה וחכם בבינה,
בחון בהן, וחקור מהן,
ודע וחשב וצייר,
והעמד דבר על בוריו,
והושב יוצר על מכונו.
עשר ספירות בלימה,
מדתן עשר שאין להן סוף.
עומק ראשית, עומק אחרית,
עומק טוב, עומק רע,
עומק רום, עומק תחת,
עומק מזרח, עומק מערב,
עומק דרום, ועומק צפון,
ואדון יחיד. אל מלך נאמן,
מושל בכלן ממעון קדשו ועדי עד.
עשר ספירות בלימה,
צביונן כמראה הבזק,
ותכליתן אין להן קץ.
ודברו בהן כרצוא ושוב
ולמאמרו כסופה ירדפו
לפני כסאו הן משתחווים.
עשר ספירות בלימה.
נעוץ סופן בתחלתן
ד
ה
ו
ז
9 Son diez dimensiones, seis de espacio opuestas en su dirección: arriba-abajo,
norte-sur, este-oeste, las seis direcciones que forman el universo; dos temporales: 
56 libro de la creación recensión corta: capítulo i 57
 y su comienzo en su fin
 como una llama unida a una brasa.
 Conoce, piensa e imagina
 que el Creador es único y que no tiene segundo.10
 Antes del uno, ¿qué cuentas?
8 Diez cifras sin más.
 Refrena tu boca para no hablar,
 refrena tu corazón para no pensar,
 y si tu corazón hecha a correr, regresa hacia el Lugar11
 como está escrito iban y venían.
12
 Respecto a esto se pactó la alianza.
9 Diez cifras sin más.
 Uno: es el Espíritu del Dios vivo.
 Bendito y loado sea el Nombre de la Vida de los mundos,
 voz, soplo y verbo.
 Este es el espíritu santo.
10 Dos: el aire viene del espíritu.
 Con él traza y diseña las veintidós letras [fundamentales]:
 tres principales,
 siete dobles
 y doce simples.
 Y el aire es <en todas> una de ellas.13
Jaguigah 14b). 12 Cita de Ez 1,14, un versículo de la célebre visión del Carro divino: «Y las
bestias iban y venían como el aspecto del rayo.»
13 Se refiere a la letra álef, que representa el aire; es la primera letra del
alefato y también la más importante, porque incluye en su interior a todas
las demás letras.
ותחלתן בסופן,
כשלהבת קשורה בגחלת.
דע וחשב וצור,
שהיוצר אחד ואין בלעדו,
ולפני אחד מה אתה סופר?
עשר ספירות בלימה,
בלום פיך מלדבר,
בלום לבך מלהרהר,
ואם רץ לבך שוב למקום,
שכך נאמר רצוא ושוב,
ועל דבר זה נכרתה ברית.
עשר ספירות בלימה,
אחת, רוח אלהים חיים,
ברוך ומבורך שמו של חי העולמים,
קול ורוח ודבר.
וזו היא רוח הקודש.
שתים, רוח מרוח,
חקק וחצב בה כב‘ אותיות ]יסוד[
שלש אמות,
ושבע כפולות,
ויב‘ פשוטות.
ורוח >בכל< אחת מהם.
10 Basado en el versículo de Ecl 4,8: «Hay quien vive solo, sin sucesor, sin
hijos ni hermano.»
11 En hebreo Maqom, literalmente ‘lugar’, utilizado como uno de los nombres de Dios. El autor del Libro de la Creación advierte de los peligros de la
experiencia mística: si la vives, asegúrate de regresar al mundo real y no te
pierdas al entrar en el Paraíso como le ocurrió a rabí Ben Zomá (Talmud,
ח
ט
י
58 libro de la creación recensión corta: capítulo i 59
11 Tres: el agua viene del aire.
 Con ella traza y diseña
 el caos y el vacío,
 el limo y el barro.
 Hazte como una especie de parterre,
 levántala como si fuera un muro,
 cúbrela como con un techo.
12 Cuatro: el fuego viene del agua.14
 Con él traza y diseña el Trono de Gloria,
 los ofanim,
15
 los serafim,
16
 las jayot17
 y los ángeles servidores.
 A partir de estos tres, establece su morada,
 como está escrito tomas por mensajeros a los vientos,
 al fuego llameante por ministro [Sal 104,4].
13 Cinco: sella el arriba con YHV.
18
 [Toma] tres letras principales
 y fíjalas en su gran Nombre.
 Sella con ellas las seis direcciones.
 Dirígete hacia el arriba y séllalo con la yod,
 la he y la vav.
19
rostro de hombre, de león, de toro y de águila. El término, literalmente,
podría traducirse por ‘bestias’, en el sentido de creaturas maravillosas o
sobrenaturales.
18 Son las tres consonantes con las que se escribe el poderoso, sagrado e
impronunciable nombre de Dios (YHVH). 19 A partir de este versículo el autor combina la posición de estas tres consonantes en cada sección.
שלש, מים מרוח.
חקק וחצב בהן
תהו ובהו,
רפש וטיט.
חקקן כמין ערוגה.
חצבן כמין חומה.
סיככן כמין מעזיבה.
ארבע, אש ממים.
חקק וחצב בה כסא כבוד,
ואופנים,
ושרפים,
וחיות הקדש,
ומלאכי השרת.
משלשתן יסד מעונו
שנאמר עושה מלאכיו רוחות
משרתיו אש לוהט.
חמש, חתם רום ביו“ה.
שלש אמות,
וקבען בשמו הגדול
וחתם בהם שש קצוות.
פנה למעלה וחתמו ביה“ו.
14 Basado en Is 64,1: «El fuego enciende [o hace hervir] el agua.» 15 Son una clase de ángeles o de seres celestiales que, con los querubines y
los serafines, custodian el trono de Gloria de la divinidad.
16 Son otra clase de seres incorpóreos y celestiales, descritos a menudo con
seis alas, y cuyo nombre significa, literalmente, ‘que queman’.
17 Las jayot santas son las cuatro figuras que aparecen arrastrando el
Carro divino de la visión del profeta Ezequiel (Ez 1,1-28) y que tienen
יא
יב
יג
60 libro de la creación recensión corta: capítulo i 61
14 Seis: dirígete ante él,
 dirígete detrás de él,
 y séllalo con la yod, la vav y la he.
15 Siete: sella el oriente,
 dirígete ante él, y séllalo con la he, la yod y la vav.
16 Ocho: sella el occidente,
 dirígete detrás de él, y séllalo con la he, la vav y la yod.
17 Nueve: sella el sur,
 dirígete a su derecha, y séllalo con la vav, la yod y la he.
18 Diez: sella el norte,
 dirígete a su izquierda, y séllalo con la vav, la he y la yod.

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