LA SEPTUPLE PAZ texto II.

Audiolibro:

"La paz sea con vosotros", dijo el de más edad en bienvenida a los demás hermanos,

quienes se habían reunido para las enseñanzas.

"La paz sea contigo", respondieron y caminaron juntos a lo largo del río, porque así fueron

sus costumbres cuando el más anciano enseñó a sus hermanos; para que pudieran

10 Sin duda se refiere a las diferentes dimensiones.

11 Necesitamos misioneros que estudien, practiquen y comprendan el evangelio de la paz y lo lleven por todo el mundo.

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compartir las enseñanzas con los ángeles de la Madre Tierra; del Aire, del Sol, del

Agua, de la Tierra, de la Vida y del Regocijo.

Y el más anciano dijo a los hermanos:

Yo les hablaré de paz, porque de todos los ángeles del Padre Celestial, paz es lo que el

mundo más anhela, así como un bebé fatigado ansía colocar su cabeza sobre el pecho de

su madre. Es la falta de paz lo que más preocupa a los Gobiernos, incluso cuando no

estén en guerra. Porque la violencia y la guerra pueden reinar, aún cuando los sonidos de

las espadas colisionadas no sean escuchados, aún cuando los ejércitos no marchen unos

contra otros; no hay paz cuando los Hijos de los Hombres no caminan con los

ángeles de Dios.

Les digo en verdad, muchos son aquellos que no conocen la paz;

porque aquellos están en guerra en sus propios cuerpos, están en

guerra con sus pensamientos, no tienen paz con sus padres, sus

madres, sus hijos, no tienen paz con amigos y vecinos; ellos no

conocen la belleza de los libros sagrados, no trabajan a través del día

en el reino de la Madre Tierra, ni duermen en la noche en los brazos de

su Padre Celestial. La paz no reina dentro de ellos, porque siempre

anhelan lo que al final les trae solo miseria y dolor, aún aquellos

adornos de riqueza y fama los cuales utiliza el Error para tentar a los

Hijos de los Hombres y ellos viven en ignorancia de la Ley, aún de

aquella Ley Sagrada por la cual nosotros vivimos: "El sendero de los

ángeles de la Madre Tierra y del Padre Celestial".

¿Cómo, entonces, Maestro podemos llevarles paz a nuestros hermanos? Preguntó alguno

de los más ancianos, porque nosotros quisiéramos que todos los Hijos de los Hombres

participaran de las bendiciones del Ángel de la Paz.

Y Él respondió:

Verdaderamente, sólo aquel que esté en paz con todos los ángeles puede difundir

la luz de la paz sobre otros. Por lo tanto, primero estén en paz con todos los ángeles de

la Madre Tierra y del Padre Celestial. Porque los vientos de una tormenta agitan y

revuelven las aguas del río y sólo la quietud que sigue puede calmarlos una vez más.

Ten cuidado cuando tu hermano te pida pan, para que no le des piedras. Vive

primero en paz con todos los ángeles, pues entonces tu paz será como una fuente

que se abastecerá a si misma con la donación y cuanto más des, tanto más te será

dado, porque así es la Ley.

Tres son las moradas del Hijo de Hombre y quien no conozca al Ángel de la Paz en cada

una de las tres, no podrá llegar ante el rostro de Dios. Estos son su cuerpo, sus

pensamientos y sus sentimientos. Cuando el Ángel de la Sabiduría guíe sus

pensamientos, cuando el Ángel del Amor purifique sus sentimientos y cuando las

acciones del cuerpo reflejen a la vez Amor y Sabiduría, entonces el Ángel de la Paz lo

guiará indefectiblemente al trono de su Padre Celestial. Y debe orar sin cansarse para

que el poder del Error con todas sus enfermedades e impurezas pueda ser arrojado de

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todas sus tres moradas; para que el poder, la sabiduría y el amor puedan reinar en su

cuerpo, sus pensamientos y sus sentimientos.

1.- Primero el Hijo del Hombre buscará la paz con su propio cuerpo; es

como una laguna de montaña que refleja el sol cuando está tranquila y clara, pero cuando

está llena de lodo y piedras, no refleja nada. Primero el error debe ser arrojado del

cuerpo, para que los ángeles de Dios puedan entrar de nuevo y morar allí dentro.

Verdaderamente, la paz no puede reinar en el cuerpo, a no ser que éste sea como un

templo de la Ley Sagrada.

Por consiguiente, cuando quien sufra con dolores y plagas dolorosas, te pida ayuda, dile

que se renueve a si mismo con ayuno y oración, dile que invoque el Ángel del Sol, el

Ángel del Agua y el Ángel del Aire, para que ellos puedan entrar en su cuerpo y arrojar de

éste el poder del error.

Enseñadle el bautismo de adentro y el bautismo de afuera. Dile que siempre coma de

la mesa de nuestra Madre Tierra, preparada con sus dones: las frutas de los árboles, los

pastos de los campos, la leche de los animales buena para la alimentación y la miel de

abejas, que no invoque el poder del error comiendo la carne de los animales, porque

aquel que mata, mata a su hermano y quien quiera que se coma la carne de los animales

muertos, se come el cuerpo de la muerte. Dile que prepare su comida con el fuego de la

vida, no con el fuego de la muerte, porque los ángeles vivientes del Dios viviente

sirven sólo a los hombres vivientes.

Y aunque él no los vea, no los escuche y no los toque, está en todo momento rodeado

con el poder de los ángeles de Dios. Mientras sus ojos y oídos están cerrados por la

ignorancia de la Ley y anhelantes por los placeres del Error, él no los verá, ni los

escuchará, ni los tocará; pero cuando él ayune y le pida al Dios viviente arrojar todas las

enfermedades e impurezas del error, entonces sus ojos y oídos serán abiertos y

encontrará la Paz.

Porque no solamente sufre aquel que alberga las enfermedades del Error dentro de

él, sino también su madre, su padre, su esposa, sus hijos, sus compañeros,

también sufren, porque ningún hombre es una isla en si mismo y los poderes que

fluyen a través de él, sea de los ángeles o del Error, verdaderamente estos poderes

actúan sobre otros para bien o para mal.

De este modo, por lo tanto, pídanle a vuestro Padre Celestial, cuando el sol esté alto al

medio día: Padre Nuestro que estás en el cielo, envía a todos los Hijos de los Hombres Tu

Ángel de Paz y envíale a nuestro cuerpo el Ángel de la Vida para que more allí dentro por

siempre.

2.- Entonces el Hijo del Hombre buscará paz con sus propios

pensamientos, para que el Ángel de la Sabiduría pueda guiarlo; porque les digo en

verdad, no hay poder más grande en el cielo y en la tierra que los pensamientos del Hijo

del Hombre; aunque inadvertido para los ojos del cuerpo, sin embargo cada pensamiento

tiene fuerza poderosa tal, que incluso puede estremecer los cielos.

Porque a ninguna criatura en el reino de la Madre Tierra, le es dado el poder del

pensamiento, porque todos los animales cuadrúpedos y los que se arrastran y las aves

que vuelan, no viven de su propio pensamiento sino de la única Ley que gobierna todo.

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Sólo a los Hijos de los Hombres les es dado el poder del pensamiento, incluso aquel

pensamiento que puede romper los lazos de la muerte.

No piensen que éste no puede ser visto, este pensamiento no tiene poder. Les digo

verdaderamente, el rayo que parte el roble fuerte o el temblor que abre las grietas

en la tierra, son como juegos de niños comparados con el poder del pensamiento.

Verdaderamente cada pensamiento oscuro, sea este de malicia, furia o venganza,

descarga destrucción como aquel fuego arrollador a través de la leña menuda seca

bajo un cielo calmado. ¡Pero el hombre no ve la matanza, ni escucha el lastimoso

llanto de sus víctimas porque está cegado al mundo del espíritu!

Pero cuando este poder es guiado por la Sabiduría Sagrada, entonces los pensamientos

del Hijo del Hombre lo guían a los reinos celestiales y así el paraíso es construido en la

Tierra; es por esto que vuestros pensamientos elevan las almas de los hombres,

como las aguas frías de un torrente acelerado reaniman vuestro cuerpo en el caluroso

verano.

Cuando un ave inexperta trata de volar por primera vez, sus alas no la pueden sostener y

cae una y otra vez a la tierra; pero trata de nuevo y un día vuela muy alto, dejando la tierra

y su nido muy atrás. Así es con los pensamientos de los Hijos de los Hombres; entre

más tiempo él camine con los ángeles y cumpla sus Leyes, con más fuerza sus

pensamientos se convertirán en Sabiduría Sagrada.

Y les digo en verdad, llegará el día en que sus pensamientos dominarán incluso el reino

de la muerte y se remontarán a la Vida Eterna en los reinos celestes; porque con sus

pensamientos guiados por la Sabiduría Sagrada, los Hijos de los Hombres construyen un

puente de Luz para llegar a Dios. De este modo, por lo tanto, pídanle a vuestro Padre

Celestial cuando el sol esté alto al medio día: Padre Nuestro que estás en el cielo,

envía a todos los Hijos de los Hombres Tu Ángel de Paz y envía a nuestros

pensamientos el Ángel del Poder, para que podamos romper los lazos de la muerte.

3.- Entonces el Hijo del Hombre buscará la Paz con sus propios

sentimientos, para que su familia pueda deleitarse en su amorosa bondad, incluso su

padre, madre, su esposa, sus hijos y los hijos de los hijos. Porque el Padre Celestial es un

ciento de veces más grande que todos lo padres por simiente y por sangre y la Madre

Tierra es un ciento de veces más grande que todas las madres por cuerpo y vuestros

verdaderos hermanos son todos aquellos que hacen la voluntad de vuestro Padre

Celestial y de vuestra Madre Tierra y no vuestros hermanos por sangre. No obstante

verán al Padre Celestial en vuestro padre por la simiente y vuestra Madre Tierra en

vuestra madre por el cuerpo. Porque ¿acaso estos no son también hijos del Padre

Celestial y de la Madre Tierra?

No obstante, amarán a vuestros hermanos por sangre así como aman a todos vuestros

hermanos verdaderos quienes caminan con los ángeles. Porque ¿acaso no son éstos

también hijos del Padre Celestial y de la Madre Tierra?

Les digo en verdad, es más fácil amar a aquellos recién conocidos, que aquellos de

nuestra propia casa, que han conocido nuestras debilidades, escuchado nuestras

palabras de ira y nos han visto en nuestra desnudez; porque ellos nos conocen así como

nos conocemos a nosotros mismos y nosotros estamos avergonzados; entonces

acudiremos al Ángel del Amor para que entre en nuestros sentimientos y éstos sean

purificados. Y todo lo que antes fue impaciencia y discordia, se tornará en armonía y paz,

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así como la tierra reseca absorbe la lluvia apacible y se convierte en verde, suave y tierna

con vida nueva.

MUCHOS Y DOLOROSOS SON LOS SUFRIMIENTOS DE LOS HIJOS DE LOS

HOMBRES CUANDO NO SE UNEN AL ÁNGEL DEL AMOR. VERDADERAMENTE UN

HOMBRE SIN AMOR LANZA UNA SOMBRA OSCURA SOBRE TODOS CON QUIENES

SE ENCUENTRA Y SOBRE LA MAYORÍA DE AQUELLOS CON QUIENES ÉL VIVE;

SUS PALABRAS ÁSPERAS Y COLÉRICAS CAEN SOBRE SUS HERMANOS COMO EL

AIRE FÉTIDO LEVANTADO DE UN CHARCO ESTANCADO. Y ÉL SUFRE MÁS AL

PRONUNCIARLAS PORQUE LA OSCURIDAD QUE LO ENCIERRA ATRAE AL ERROR

Y A SUS ALIADOS.

Pero cuando él acude al Ángel del Amor, la oscuridad es dispersada y la luz del sol fluye

de él y los colores del arco iris giran alrededor de su cabeza y la lluvia apacible cae desde

sus dedos y él les trae paz y fuerza a todos aquellos que se le acerquen.

De este modo, por lo tanto, pídanle a vuestro Padre Celestial, cuando el sol esté alto al

mediodía: Padre Nuestro que estás en el cielo, envía a todos los Hijos de los

Hombres, Tu Ángel de Paz y envía a aquellos de nuestra simiente y de nuestra

sangre el Ángel del Amor, para que la Paz y Armonía puedan morar en nuestra casa

por siempre.

Entonces el Hijo del Hombre buscará paz con los otros Hijos de los Hombres, incluso con

los fariseos y sacerdotes, con limosneros y desamparados y hasta con reyes y

gobernadores. Porque todos son Hijos de los Hombres, cualquiera que sean sus

condiciones, cualquiera que sean sus profesiones, sea que sus ojos hayan sido abiertos

para ver los reinos celestiales o que aún caminen en oscuridad e ignorancia.

Porque la justicia de los hombres puede recompensar al indigno y castigar al

inocente, mas la Ley Sagrada es la misma para todos, sea limosnero o rey, sea

plebeyo, pastor o sacerdote.

Busca la paz con todos los Hijos de los Hombres y déjala ser conocida de los Hermanos

de la Luz; porque nosotros hemos vivido de acuerdo con la Ley Sagrada desde el tiempo

de Enoch, desde antaño y desde antes. Porque no somos ricos ni pobres y compartimos

todas las cosas, incluso nuestras ropas y los instrumentos que utilizamos para cultivar la

tierra y juntos trabajamos en los campos con todos los ángeles, haciendo producir los

dones de la Madre Tierra para que todos coman.

Porque el más fuerte de los ángeles del Padre Celestial, el Ángel del Trabajo, bendice

cada hombre que trabaje de la mejor manera para él y por eso él no conocerá necesidad

ni exceso. Verdaderamente, en los reinos de la Madre Tierra y del Padre Celestial hay

abundancia para todos los hombres cuando cada hombre trabaja en su labor;

porque cuando un hombre evade su labor, entonces otro debe tomar posesión,

porque estamos dando todas las cosas en los reinos del cielo y la tierra, al precio

del trabajo.

LOS HERMANOS DE LA LUZ SIEMPRE HAN VIVIDO EN DONDE SE REGOCIJAN

LOS ÁNGELES DE LA MADRE TIERRA; CERCA A LOS RÍOS, A LOS ÁRBOLES, A

LAS FLORES, CERCA A LA MÚSICA DE LAS AVES; DONDE EL SOL Y LA LLUVIA

PUEDEN ABRAZAR EL CUERPO, EL CUAL ES EL TEMPLO DEL ESPÍRITU.

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No debemos entendernos con los edictos de los gobernantes, ni en apoyarlos, ya

que nuestra Ley es la Ley del Padre Celestial y la Madre Tierra, ni oponernos a ellos

porque nadie gobierna si no es por la voluntad de Dios. Si nosotros más bien

hacemos lo posible por vivir de acuerdo con la Ley Sagrada y fortificamos siempre

aquello que es bueno en todas las cosas, entonces el reino de las tinieblas será

cambiado por el Reino de la Luz. Porque donde hay Luz, ¿cómo puede permanecer

entonces la oscuridad?

De este modo por lo tanto, pídanle a vuestro Padre Celestial, cuando el sol esté alto al

medio día:

Padre Nuestro que estás en el cielo, envía a todos los hombres Tu Ángel de la Paz y

envíale a toda la humanidad el Ángel del Trabajo, porque teniendo una labor

sagrada, no debemos pedir ninguna otra bendición.

Entonces el Hijo del Hombre buscará la paz con la sabiduría de los años ante él; porque

les digo en verdad, en los libros sagrados está un tesoro un ciento de veces más grande

que cualquiera de las joyas y del oro de los reinos más ricos y más preciosos, porque

seguramente ellos contienen toda la sabiduría revelada por Dios a los Hijos de la Luz,

incluso aquellas tradiciones que vinieron a nosotros a través de Enoch desde antaño y

antes de él sobre un sendero infinito en el pasado, las enseñanzas de los Grandes.

Y éstas son nuestras herencias, así como el hijo hereda todas las posesiones de su padre

cuando demuestra ser digno de la bendición de éste. Verdaderamente estudiando las

enseñanzas de la sabiduría perenne, llegamos a conocer a Dios; porque les digo

verdaderamente, los Grandes vieron a Dios cara a cara; no obstante, cuando leemos los

libros sagrados, nosotros tocamos los pies de Dios.

Y una vez hayamos visto con los ojos de la sabiduría y escuchado con los oídos del

entendimiento las perennes verdades de los Libros Sagrados, entonces deberemos

ir entre los Hijos de los Hombres y enseñarles, porque si ocultamos celosamente el

conocimiento Sagrado, pretendiendo que éste pertenece solamente a nosotros,

entonces somos como aquel que encuentra un manantial en lo alto de las

montañas y antes de dejar que fluya en el valle para apagar la sed del hombre y del

animal, lo sepulta bajo las rocas y el polvo, robándose a si mismo el agua también.

Id entre los Hijos de los Hombres y habladles de la Ley Sagrada, para que de este modo

ellos puedan salvarse y entrar en los reinos celestiales. Pero habladles con palabras que

puedan entender, en parábolas de naturaleza que hablen al corazón, porque los actos

deben existir primero como un deseo en el corazón despierto.

De este modo, por lo tanto, pídanle a vuestro Padre Celestial, cuando el sol esté alto al

mediodía: Padre Nuestro que estás en el cielo, envía a todos los Hijos de los

Hombres, Tu Andel de la Paz y envía a nuestro conocimiento el Ángel de la

Sabiduría, para que podamos caminar en los senderos de los Grandes, quienes han

visto a Dios.

ENTONCES EL HIJO DEL HOMBRE BUSCARÁ PAZ CON EL REINO DE SU MADRE

TIERRA, PORQUE NADIE PUEDE VIVIR MUCHO, NI SER FELIZ, EXCEPTO AQUEL

QUE HONRE A SU MADRE TIERRA Y SIGA SUS LEYES.

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Porque vuestro aliento es su aliento, vuestra sangre su sangre, vuestros huesos sus

huesos, vuestra carne su carne, vuestras entrañas sus entrañas, vuestros ojos y vuestros

oídos son sus ojos y oídos.

Les digo en verdad, ustedes son uno con la Madre Tierra; ella está en vosotros y vosotros

en ella; de ella nacieron y en ella viven y a ella regresarán de nuevo. Es la sangre de

vuestra Madre Tierra la que cae desde las nubes y fluye en los ríos; es el aliento de

nuestra Madre Tierra el que susurra en los arboles del bosque y sopla con viento

poderoso desde las montañas; dulce y firme es la carne de nuestra Madre Tierra en las

frutas de los árboles; fuertes y firmes son los huesos de nuestra Madre Tierra en las rocas

y piedras gigantes, las cuales se mantienen como centinelas de tiempos perdidos;

verdaderamente somos uno con la Madre Tierra y aquel que se una a las leyes de su

Madre, a él también se unirá su Madre.

Pero llegará un día cuando el Hijo del Hombre volteará su cara de su Madre Tierra y la

traicionará, incluso negando a su Madre y a su primogenitura. Entonces la venderá a la

esclavitud y su carne será destruida, su sangre profanada y su alimento ahogado; él

llevará el fuego de la muerte a todas partes del Reino de Ella y su hambre devorará todos

sus dones y dejará en su lugar sólo un desierto.

Todas estas cosas él las hará por ignorancia de la Ley y como un hombre

agonizando lentamente no puede oler su propio hedor, así el Hijo del Hombre será

cegado a la verdad.

Porque así como él despojó, arruinó y destruyó su Madre Tierra, así él se despojará, se

arruinará y se destruirá a si mismo. Porque él nació de su Madre Tierra y él es uno con

Ella y todo lo que él hace a su Madre, se lo hace a sí mismo.

Hace mucho tiempo, antes del gran diluvio, los Grandes caminaron la Tierra y los árboles

gigantes – aún aquellos que ahora no son más que leyenda, fueron su casa y reino. Ellos

vivieron muchas generaciones, porque comieron de la mesa de la Madre Tierra y

durmieron en los brazos del Padre Celestial y no conocieron enfermedades, la vejez o la

muerte.

A los Hijos de los Hombres les legaron toda la gloria de sus reinos, incluso el

conocimiento oculto del Árbol de la Vida, el cual está en medio del Mar Eterno.

Pero los ojos de los Hijos de los Hombres fueron cegados por las visiones del Error

y por promesas de poder, incluso el poder que se conquista por fuerza y sangre y

entonces el Hijo del Hombre rompió los hilos dorados que lo sujetaban a su Madre

Tierra y a su Padre Celestial; caminó desde el Torrente Sagrado de Vida donde su

cuerpo, sus pensamientos y sus sentimientos estaban unidos con la Ley y

empezaron a utilizar sólo sus propios pensamientos, sus propios sentimientos y

sus propios hechos, haciendo cientos de leyes, donde solo había una.

Y así los Hijos de los Hombres se desterraron a sus casas y desde entonces se han

amontonado detrás de sus muros de piedra, no escuchando el susurro del viento en los

árboles altos de los bosques más allá de sus pueblos.

Les digo en verdad, el libro de la naturaleza es un Libro Sagrado y si desean que los Hijos

de los Hombres se salven a si mismos y hallen la Vida Eterna, enséñenles una vez más,

cómo leer las páginas vivientes de la Madre Tierra; porque en toda cosa que esté con vida

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está escrita la Ley; está escrita en el pasto, en los árboles, en los ríos, en las montañas,

en las aves del cielo y en los peces del mar y la mayor parte está dentro del Hijo del

Hombre. Sólo cuando él regrese al seno de su Madre Tierra encontrará la Vida Eterna y el

Torrente de Vida lo guiará hacia su Padre Celestial; sólo de este modo puede evitarse la

visión tenebrosa del futuro.

De este modo, por lo tanto, pídanle a vuestro Padre Celestial, cuando el sol esté alto al

medio día:

Padre Nuestro que estás en el cielo, envía a todos los Hijos de los Hombres Tu

Ángel de la Paz y envía al Reino de nuestra Madre Tierra el Ángel del Regocijo, para

que nuestros corazones puedan estar llenos de canto y regocijo y así nos

abriguemos en los brazos de nuestra Madre.

Al fin, el Hijo del Hombre buscará paz con el Reino de su Padre Celestial, porque

verdaderamente, el Hijo del Hombre es nacido de su padre por simiente y de madre por

cuerpo, para que pueda encontrar su verdadera herencia y conocer que es el Hijo del

Rey.

El Padre Celestial es la única Ley, Quien hizo las estrellas, el sol, la luz y la

oscuridad y la Ley Sagrada de nuestras almas. En todas partes El está y no hay

lugar donde El no se encuentre.

Todo en nuestro entendimiento y todo lo que conocemos, todo es gobernado por la Ley; la

caída de las hojas, la corriente de los ríos, la música de los insectos en la noche, todo

esto es regido por la Ley.

En el Reino de nuestro Padre Celestial hay muchas mansiones y muchas son las cosas

ocultas que aún no pueden conocer.

Les digo en verdad, el Reino de nuestro Padre Celestial es vasto, tan vasto que ningún

hombre puede conocer sus límites, porque allí no los hay.

Sin embargo, todo Su Reino puede ser encontrado en la gota más pequeña del rocío

sobre una flor silvestre, o en el aroma del pasto recién cortado en los campos bajo el sol

de verano.12

¡Verdaderamente no hay palabras para describir el Reino del Padre Celestial! Gloriosa,

de veras, es la herencia del Hijo del Hombre, porque solamente a él le

está dada, para entrar al Torrente de Vida, el cual lo guiará al reino de

su Padre Celestial. Pero primero debe buscar y encontrar la paz con su

cuerpo, con sus pensamientos, con sus sentimientos, con los Hijos de

los Hombres, con el conocimiento Sagrado y con el Reino de su Madre

Tierra.

Porque les digo en verdad, este es el barco que llevará al Hijo del Hombre sobre el

Torrente de Vida hacia su Padre Celestial.

12

 Busca el poema titulado “el gran libro” de Martín García Merou.

37

El, debe tener la paz que es séptuple antes de que pueda conocer la única Paz que

supera el entendimiento, incluso de su Padre Celestial.

De este modo, por lo tanto, pídanle a vuestro Padre Celestial, cuando el sol esté alto al

medio día:

Padre Nuestro que estás en el Cielo, envía a todos los Hijos de los Hombres Tu

Ángel de la Paz y envía de Tu Reino, al Ángel de la Vida Eterna, para que podamos

elevarnos más allá de las estrellas y vivir por siempre.

Y entonces el más anciano se quedó callado y un gran silencio se escabulló sobre los

hermanos y nadie deseó hablar. Las sombras de la tarde se reflejaron sobre el río

tranquilo y plateado como un cristal y en el cielo que se estaba oscureciendo

escasamente, se podía ver el reflejo creciente de la luna de paz.

Y la gran Paz del Padre Celestial los envolvió en todo Su Amor inmortal.

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